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Los desafíos de la educación *

[3 de julio de 2015]

Es el momento de invertir más y mejor, con renovadas políticas para cambiar la educación:

En el reciente estudio “América Latina después de PISA”, desarrollado por CIPPEC y Natura, comparamos las políticas aplicadas y los resultados educativos de siete países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay. Las lecciones aprendidas (disponibles en cippec.org/mapeal) pueden servir para plantear los desafíos de los próximos años en nuestro país.

En primer lugar, es fundamental invertir en la primera infancia. Nada tiene más efecto a futuro que brindar una oferta integral de edu-cación, salud y nutrición a los niños y niñas desde su nacimiento hasta iniciar la escuela primaria. Esto requiere crear servicios de calidad, pero sobre todo implica un desafío de financiamiento, que debería ser uno de los grandes debates inmediatos.

En segundo término, es clave consolidar la evaluación integral del sistema educativo. Se han dado grandes pasos en el financiamiento, lo que permitió cubrir deudas y necesidades educativas. Pero hay poco control de cómo se distribuyen los recursos y qué efectos tienen. Es clave diseñar un sistema nacional de información por escuela, que mida los recursos que tienen los alumnos para generar justicia distributiva y que evalúe los aprendizajes para detectar la vulneración de derechos.

En base a un sistema integral de evaluación integral de cada escuela, se podría generar un menú de soluciones acordes a cada contexto y necesidad. Así no quedaría invi-sibilizada la realidad de las escuelas ni los efectos de las políticas. Se ganaría en gobernabilidad y justicia social. Las lecciones de los países analizados muestran que hay mucho para aprender en la región, aunque no se recomienda usar los rankings y la presión pública de los resultados, dado que pueden distorsionar la tarea educativa.

En tercer lugar, el eje profundo de las reformas debería ser prestigiar la docencia. Una formación más relevante y rigurosa, sumada a una carrera con especializaciones y salarios diferenciados por formación y no sólo por antigüedad, deberían complementar una mejora sostenida de los salarios docentes. La creación del Plan Nacional de Formación Permanente, el primer programa gratuito y universal de capacitación en las escuelas, es un dispositivo que puede ayudar a apoyar estos desafíos aún pendientes en la Argentina, potenciando sus contenidos. Combinadas, estas políticas deberían apuntar a generar un efecto de revalorización social de la docencia.
En cuarto término, se recomienda crear un sistema de formación y selección de los equipos directivos, que potencie su liderazgo pedagógico en las escuelas. Esto ha comenzado a ser un eje protagónico en otros países y debería ser complementario de las otras acciones: generar capacidades pedagógicas para afrontarlos diagnósticos de las evaluaciones y potenciar los equipos docentes. La experiencia reciente de Ecuador es interesante en este eje.
En quinto lugar, la escuela secundaria merece una redefinición profunda. Pocos países dan buenos ejemplos en este sentido. Quizás la experiencia del estado de Ceará en Brasil sea uno de ellos.
Una política de escuelas de tiempo integral, con proyectos para los jóvenes, con menos materias y formatos rutinarios, con más actividades integradas y equipos docentes con tiempo para el desarrollo de proyectos. Conectar Igualdad es una oportunidad para potenciar estas acciones que requieren grandes transformaciones graduales del modelo selectivo tradicional de la escuela secundaria.

Por último, todo esto queda vacío si no se repiensan los contenidos y materiales de la enseñanza. Es necesario apoyar a los docentes con guías didácticas en diversos formatos, que brinden libertad pedagógica y quiten tiempo a la preparación rutinaria de clases. También es fundamental potenciar las políticas de libros de textos, con materiales enriquecidos de gran calidad, combinados con aplicaciones digitales y uso inteligente de las nuevas tecnologías. Desarrollar un sólido equipo pedagógico y curricular, que utilice la analítica y la retroalimentación constante de las prácticas es un eje poco señalado y sin embargo central en los años que vienen.
Estos desafíos implican muchos recursos, capacidades técnicas, articulaciones políticas y liderazgos educativos basados en la justicia social y la defensa de la educación pública. Crear esas condiciones será extremadamente difícil. Pero en el largo plazo serán la batalla central por un país más desarrollado. Estamos en pleno bono demográfico: el tiempo en el cual no crece tanto la población escolar ni explota aún la caja jubilatoria. Es el momento de invertir más y mejor, con renovadas políticas para cambiar la educación.

* Nota publicada el 03/07/2015 en El Economista por Axel Rivas.

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